martes, 18 de mayo de 2010

Búsqueda


Francisco Álvarez Hidalgo


He enviado mis ojos en tu busca,
y han regresado de colores llenos:
Verdes de bosques, pardos de mesetas,
rojos de ocasos, con azul de cielos,
blancos de nieves, y de nubes grises...
mas sin tu imagen hacia mí volvieron.

Envié mis oídos a buscarte,
reapareciendo con sonidos nuevos:
rumor de brisas en los olivares,
rugidos de leones y de truenos,
murmullos de las aguas en los ríos,
fragor del mar, contestación del eco...
mas llegaron sin ti, y esos sonidos
fueron sólo otra forma de silencio.

Mis pies de peregrino te buscaron,
dejando huella en campos y senderos,
y me trajeron polvo de países
extendidos por ambos hemisferios...
pero no te encontraron, y su rastro
hojas fueron perdidas en el viento.

Y salieron mis labios, indagando
las incógnitas de tu paradero,
y trajeron exóticas canciones,
palabras misteriosas de otros pueblos,
voces alegres, gritos penetrantes,
eruditos monólogos, lamentos...
pero tu voz no vino entre esas voces,
quedé sin ti, con sólo tu recuerdo.

Y mis manos, en ávida odisea,
rastreándote trémulas partieron,
y regresaron por igual vacías,
con un temblor amargo entre los dedos...

Y por eso en la noche silenciosa
te busco en los recodos de mi cuerpo.


jueves, 29 de abril de 2010

Transmigación del tacto

Juan José Alcolea



Quiero guardar tu tacto
inmune en la memoria,
quiero librar tu imagen
de la erosión del tiempo,
quiero llevar donde el silencio diga
el turbio roce
de tu rumor de encuentro.
Quiero dejar la sombra y el gemido
de tu caricia en mi recuerdo impreso,
y el yugo abierto en que tu cuerpo yace
y el dulce cauce
en que te invado y muero.
Quiero, cuando las venas se adormezcan,
llevarme al aire tu clamor despierto,
tu latitud de musgo por mis manos
tu redención oscura por mis dedos.
Quiero de la mordaza de tus labios
dejar mi boca atenazada y, luego,
en las calladas tardes del olvido,
gozar su jugo de sabor intenso.
De tu perfil de poma y sembradura
quiero la curva doble de tu seno,
quiero la miel que grana en tus pezones,
quiero la negra llaga de tu pelo.
Quiero que tu presencia me ilumine,
ara en que de hombre me inmolé sin precio,
cuando los pulsos tardos se detengan
por las cavernas hondas de mi cuerpo.
Quiero en el margen quieto de lo sido
de tus pupilas su paisaje abierto
y por las turbias sendas de la muerte
hacer camino en tu presencia quiero.
Quiero llevar tu tacto
inmune en la memoria
quiero en las hondas yemas de mis dedos
robar la acequia que en tu piel se posa
y hacerla insomne
temblor...
siempre latiendo.
Porque tu tacto tiene
aromas imposibles,
porque tu boca tiene
orgiásticos venenos,
porque tus ojos miran
alquimias insondables
y en tu cintura habitan
mágicos advientos.
Y si es que acaso
un día aquí volviera
del implacable exilio del destierro,
que el palpitante hueco que desnudas
fuera de nuevo...
cauce
de mi cuerpo.

sábado, 10 de abril de 2010

Si Dios fuera una mujer...

Mario Benedetti

¿Y si Dios fuera mujer?
pregunta Juan sin inmutarse,
vaya, vaya si Dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas.
Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
para besar sus pies no de bronce,
su pubis no de piedra,
sus pechos no de mármol,
sus labios no de yeso.
Si Dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos SIDA o pánico
nos contagiaría su inmortalidad.
Si Dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno,
con sus brazos no cerrados,
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles.
Ay Dios mío, Dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería,
qué venturosa, espléndida, imposible,
prodigiosa blasfemia.



miércoles, 31 de marzo de 2010

Tu collar de perlas

José Ángel Buesa

Yo he visto perlas claras de inimitable encanto,
de esas que no se tocan por temor a romperlas.
Pero sólo en tu cuello pudieron valer tanto
las burbujas de nieve de tu collar de perlas.


Y más, aquella noche del amor satisfecho,
del amor que eterniza lo fugaz de las cosas,
cuando fuiste un camino que comenzó en mi lecho
y el rubor te cubría como un manto de rosas.


Yo acaricié tus perlas, sin desprender su broche,
y las vi, como nadie nunca más podrá verlas,
pues te tuve en mis brazos, al fin, aquella noche
vestida solamente ¡con tu collar de perlas!

miércoles, 24 de febrero de 2010

Oracion...

Juan Gelman

Habítame, penétrame.
Sea tu sangre una con mi sangre.
Tu boca entre mi boca.
Tu corazón agrande el mío hasta estallar.
Desgárrame.
Caigas entera en mis entrañas.
Anden tus manos en mis manos.
Tus pies caminen en mis pies, tus pies.
Árdeme, árdeme.
Cólmeme tu dulzura.
Báñeme tu saliva el paladar.
Estés en mí como está la madera en el palito.
Que ya no puedo así, con esta sed
quemándome...

Con esta sed quemándome.

La soledad, sus cuervos, sus perros, sus pedazos


lunes, 22 de febrero de 2010

TU CUERPO

Gian Franco Pagliaro

Sólo yo sigo el movimiento
sensual de tu boca.
Tan sólo para mí
eres la más hermosa de todas.
Solamente yo en toda esta ciudad,
perdido entre la gente, busco tu rostro.
Todas las calles me llevan
sin darme cuenta hacia tus ojos,
todos mis deseos como un río
desembocan en tu cuerpo,
en tu cálido y mediterráneo cuerpo.
Tu cuerpo, que no es distinto a otros cuerpos
y sin embargo... es tan distinto,
tal vez... porque únicamente yo conozco
los secretos que guarda tu cuerpo...
Fértil como la buena tierra,
generoso, como un buen vino,
fresco como el aíre de la sierra
abundante, como el verde en primavera,
tu cuerpo..., claro como la luz del día,
misterioso como la noche oscura,
oloroso como un manzano,
inquietante como el mar revuelto.
¡Cuantas veces he navegado por ese mar,
sin haber naufragado nunca!
Y no lo digo por jactancia.

Conozco tu cuerpo como la palma de mi mano,
como el jardinero los nombres de las plantas,
como el alfarero la arcilla que moldea,
como su antiguo oficio el artesano
y los siete mares el viejo marinero.
Lo conozco por dentro y por fuera,
de norte a sur, me lo sé de memoria,
sendero por sendero, colina por colina,
bosque por bosque, monte por monte,
como una lección de geografía;
lo conozco como el poema que más me gusta,
me lo se de memoria.
Tu cuerpo, milagroso como las manos de un cirujano.

viernes, 12 de febrero de 2010

El cuarto poema secreto

de: Poemas de Madeleine
Guillaume Apollinaire


" Mi boca tendrá ardores de averno,

mi boca será para ti un infierno de dulzura,

los ángeles de mi boca reinarán en tu corazón,

mi boca será crucificada

y tu boca será el madero horizontal de la cruz,

pero qué boca será el madero vertical de esta cruz.

Oh boca vertical de mi amor,

los soldados de mi boca tomarán al asalto tus entrañas,

los sacerdotes de mi boca incensarán tu belleza en su templo,

tu cuerpo se agitará como una región durante un terremoto,

tus ojos entonces se cargarán

de todo el amor que se ha reunido

en las miradas de toda la humanidad desde que existe.



Amor mío

mi boca será un ejército contra ti,

un ejército lleno de desatinos,

que cambia lo mismo que un mago

sabe cambiar sus metamorfosis,

pues mi boca se dirige también a tu oído

y ante todo mi boca te dirá amor,

desde lejos te lo murmura

y mil jerarquías angélicas

que te preparan una paradisíaca dulzura en él se agitan,

y mi boca es también la Orden que te convierte en mi esclava,

y me da tu boca Madeleine,

tu boca que beso Madeleine. "


miércoles, 13 de enero de 2010

Cantar de los cantares...

Capítulo 7, versículos 6-9



¡Qué hermosa eres, y cuán suave,

oh!, amor deleitoso...

Tu estatura es semejante a la palmera,

y tus pechos a los racimos.

Yo dije: subiré a la palmera,

asiré sus ramas.

Deja que tus pechos sean como racimos de vid,

y el olor de tu boca, como de manzanas.

Y tu paladar como el buen vino,

que se entra a mi amado suavemente

y hace hablar los labios de los viejos...

jueves, 7 de enero de 2010

El amante

Tengo que decirte adiós,

en silencio y sin nombrarte,

pues yo no puedo arrastrarte

a pagar tan duro precio.

Sabemos que fuimos necios,

que todo fue una locura;

que no pocas amarguras

ya llevamos compartidas.

Que si lo dictó la vida,

que si fue nuestro destino,

solamente es el camino

de aquel que siempre camina.



Sé que tu amor he quitado

a un hombre que es tu marido

y hasta hoy he compartido

lo que tu me has regalado.

Más todo cuanto he llorado

en tu ausencia en muchas noches,

no son causa de reproches,

porque sabes que te quiero.

Que lo abandones... no quiero

porque esto es causa perdida;

no causemos más heridas

que ya bastantes tenemos.



Que si de hoy en adelante

te llevo ha vivir conmigo

será peor el castigo

que la gente nos depare.

Pues mujer que se separe

del legítimo marido

por otro que haya elegido

para darle sus amores,

es causa de mil rumores,

de calumnias humillantes;

aunque siempre por delante

la tratarán de señora,

te recibirán sonrientes,

te preguntarán tus cosas,

pero... sus lenguas curiosas

no preguntarán por mí.

Pues cuando hablan de mí,

aquellos que te conocen,

habrán de bajar las voces,

para que tú no te enteres,

sobre todo las mujeres,

dando a su voz forma oscura

y envidiando tu locura,

lo gritaran en silencio.

Dirán que somos dos necios,

absurdos, crueles, malvados

que tu este paso lo has dado

porque te tengo hechizada.

Y verás, eso no es nada,

porque delante de tí,

nunca te hablarán de mí

porque no podrán nombrarme.

Tan sólo podrán llamarme

por un nombre que te daña,

palabra que lleva saña

si se dice por lo bajo,

que será como si un tajo

te causaran al oírlo,

que de tanto repetirlo,

lo dirán familiarmente.

Nunca verás que la gente

dirá que yo soy tu esposo,

y eso para mí es hermoso,

pero nunca lo dirán...

Es más, no me nombrarán,

mi nombre se habrá perdido,

no dirán: es su marido...

dirán de mí: ¡el amante!

Por eso voy a dejarte.

Manchar tu vida no quiero,

sin tí ya se que me muero,

pero eso es cosa mía...

Tal vez, quizás, algún día

y en forma muy confidente,

a alguna amiga le cuentes

que tuvisteis un amante...

Más, esto aquí finaliza.

La culpa fue sólo nuestra;

un botón basta de muestra...

los demás, a la camisa!!!...
Sandro

lunes, 4 de enero de 2010

Te amo por lo que eres...

Beatriz Zuluaga


Te amo, no sólo por lo que eres

sino por lo que soy cuando estoy contigo.

Un huracán de trópicos.

Un campo impredecible.

Una luz que baja ansiosa

al fundirse en el rayo

del deseo.

Tú, moldeas mi carne

y soy brizna lave que se mece

al poder de la música en tus dedos.

Mi hombro, palomar

para tu arrullo,

mi voz una plegaria de la sangre

y tú, brujo del amor, llegas

al aquelarre con la pócima

agridulce de los besos,

malabarista para la vibrante

cuerda del amor.

Rito viejo como el tiempo,

como el mundo,

pero siempre deslumbrante

en la palabra cuando dices:

Bájate la luz...

y yo inauguro el sol

en mitad de mi sexo

y me dedico a reinventar el mundo,

o, lo que es más: a desafiar la muerte.


Te amo por lo que eres.

Me amo por lo que soy,

cuando estoy contigo...