miércoles, 13 de enero de 2010

Cantar de los cantares...

Capítulo 7, versículos 6-9



¡Qué hermosa eres, y cuán suave,

oh!, amor deleitoso...

Tu estatura es semejante a la palmera,

y tus pechos a los racimos.

Yo dije: subiré a la palmera,

asiré sus ramas.

Deja que tus pechos sean como racimos de vid,

y el olor de tu boca, como de manzanas.

Y tu paladar como el buen vino,

que se entra a mi amado suavemente

y hace hablar los labios de los viejos...

jueves, 7 de enero de 2010

El amante

Tengo que decirte adiós,

en silencio y sin nombrarte,

pues yo no puedo arrastrarte

a pagar tan duro precio.

Sabemos que fuimos necios,

que todo fue una locura;

que no pocas amarguras

ya llevamos compartidas.

Que si lo dictó la vida,

que si fue nuestro destino,

solamente es el camino

de aquel que siempre camina.



Sé que tu amor he quitado

a un hombre que es tu marido

y hasta hoy he compartido

lo que tu me has regalado.

Más todo cuanto he llorado

en tu ausencia en muchas noches,

no son causa de reproches,

porque sabes que te quiero.

Que lo abandones... no quiero

porque esto es causa perdida;

no causemos más heridas

que ya bastantes tenemos.



Que si de hoy en adelante

te llevo ha vivir conmigo

será peor el castigo

que la gente nos depare.

Pues mujer que se separe

del legítimo marido

por otro que haya elegido

para darle sus amores,

es causa de mil rumores,

de calumnias humillantes;

aunque siempre por delante

la tratarán de señora,

te recibirán sonrientes,

te preguntarán tus cosas,

pero... sus lenguas curiosas

no preguntarán por mí.

Pues cuando hablan de mí,

aquellos que te conocen,

habrán de bajar las voces,

para que tú no te enteres,

sobre todo las mujeres,

dando a su voz forma oscura

y envidiando tu locura,

lo gritaran en silencio.

Dirán que somos dos necios,

absurdos, crueles, malvados

que tu este paso lo has dado

porque te tengo hechizada.

Y verás, eso no es nada,

porque delante de tí,

nunca te hablarán de mí

porque no podrán nombrarme.

Tan sólo podrán llamarme

por un nombre que te daña,

palabra que lleva saña

si se dice por lo bajo,

que será como si un tajo

te causaran al oírlo,

que de tanto repetirlo,

lo dirán familiarmente.

Nunca verás que la gente

dirá que yo soy tu esposo,

y eso para mí es hermoso,

pero nunca lo dirán...

Es más, no me nombrarán,

mi nombre se habrá perdido,

no dirán: es su marido...

dirán de mí: ¡el amante!

Por eso voy a dejarte.

Manchar tu vida no quiero,

sin tí ya se que me muero,

pero eso es cosa mía...

Tal vez, quizás, algún día

y en forma muy confidente,

a alguna amiga le cuentes

que tuvisteis un amante...

Más, esto aquí finaliza.

La culpa fue sólo nuestra;

un botón basta de muestra...

los demás, a la camisa!!!...
Sandro

lunes, 4 de enero de 2010

Te amo por lo que eres...

Beatriz Zuluaga


Te amo, no sólo por lo que eres

sino por lo que soy cuando estoy contigo.

Un huracán de trópicos.

Un campo impredecible.

Una luz que baja ansiosa

al fundirse en el rayo

del deseo.

Tú, moldeas mi carne

y soy brizna lave que se mece

al poder de la música en tus dedos.

Mi hombro, palomar

para tu arrullo,

mi voz una plegaria de la sangre

y tú, brujo del amor, llegas

al aquelarre con la pócima

agridulce de los besos,

malabarista para la vibrante

cuerda del amor.

Rito viejo como el tiempo,

como el mundo,

pero siempre deslumbrante

en la palabra cuando dices:

Bájate la luz...

y yo inauguro el sol

en mitad de mi sexo

y me dedico a reinventar el mundo,

o, lo que es más: a desafiar la muerte.


Te amo por lo que eres.

Me amo por lo que soy,

cuando estoy contigo...