¡Qué hermosa eres, y cuán suave,
oh!, amor deleitoso...
Tu estatura es semejante a la palmera,
y tus pechos a los racimos.
Yo dije: subiré a la palmera,
asiré sus ramas.
Deja que tus pechos sean como racimos de vid,
y el olor de tu boca, como de manzanas.
Y tu paladar como el buen vino,
que se entra a mi amado suavemente
y hace hablar los labios de los viejos...

