martes, 31 de mayo de 2011

Verguenza

Gabriela Mistral

Si tú me miras, yo me vuelvo hermosa

como la hierba a que bajo el rocío

y desconocerán mí faz gloriosa

las altas cañas cuando baje el rio.



Tengo vergüenza de mí boca triste,

de mí voz rota y mis rodillas rudas

Ahora que me miraste y que viniste,

me encontré pobre y me palpe desnuda.



Ninguna piedra en el camino hallaste

mas desnuda de luz la alborada

que esta mujer a la que levantaste,

porque oíste su canto, la mirada.



Yo callare para que no conozcan,

mi dicha los que pasan por el llano,

en el fulgor que da a mí frente tosca

y en la tremolacion que hay en mí mano



Es noche y baja a la hierba el rocío;

mírame largo y habla con ternura,

¡que mañana al descender al rio

la que besaste llevara hermosura!


martes, 18 de mayo de 2010

Búsqueda


Francisco Álvarez Hidalgo


He enviado mis ojos en tu busca,
y han regresado de colores llenos:
Verdes de bosques, pardos de mesetas,
rojos de ocasos, con azul de cielos,
blancos de nieves, y de nubes grises...
mas sin tu imagen hacia mí volvieron.

Envié mis oídos a buscarte,
reapareciendo con sonidos nuevos:
rumor de brisas en los olivares,
rugidos de leones y de truenos,
murmullos de las aguas en los ríos,
fragor del mar, contestación del eco...
mas llegaron sin ti, y esos sonidos
fueron sólo otra forma de silencio.

Mis pies de peregrino te buscaron,
dejando huella en campos y senderos,
y me trajeron polvo de países
extendidos por ambos hemisferios...
pero no te encontraron, y su rastro
hojas fueron perdidas en el viento.

Y salieron mis labios, indagando
las incógnitas de tu paradero,
y trajeron exóticas canciones,
palabras misteriosas de otros pueblos,
voces alegres, gritos penetrantes,
eruditos monólogos, lamentos...
pero tu voz no vino entre esas voces,
quedé sin ti, con sólo tu recuerdo.

Y mis manos, en ávida odisea,
rastreándote trémulas partieron,
y regresaron por igual vacías,
con un temblor amargo entre los dedos...

Y por eso en la noche silenciosa
te busco en los recodos de mi cuerpo.


jueves, 29 de abril de 2010

Transmigación del tacto

Juan José Alcolea



Quiero guardar tu tacto
inmune en la memoria,
quiero librar tu imagen
de la erosión del tiempo,
quiero llevar donde el silencio diga
el turbio roce
de tu rumor de encuentro.
Quiero dejar la sombra y el gemido
de tu caricia en mi recuerdo impreso,
y el yugo abierto en que tu cuerpo yace
y el dulce cauce
en que te invado y muero.
Quiero, cuando las venas se adormezcan,
llevarme al aire tu clamor despierto,
tu latitud de musgo por mis manos
tu redención oscura por mis dedos.
Quiero de la mordaza de tus labios
dejar mi boca atenazada y, luego,
en las calladas tardes del olvido,
gozar su jugo de sabor intenso.
De tu perfil de poma y sembradura
quiero la curva doble de tu seno,
quiero la miel que grana en tus pezones,
quiero la negra llaga de tu pelo.
Quiero que tu presencia me ilumine,
ara en que de hombre me inmolé sin precio,
cuando los pulsos tardos se detengan
por las cavernas hondas de mi cuerpo.
Quiero en el margen quieto de lo sido
de tus pupilas su paisaje abierto
y por las turbias sendas de la muerte
hacer camino en tu presencia quiero.
Quiero llevar tu tacto
inmune en la memoria
quiero en las hondas yemas de mis dedos
robar la acequia que en tu piel se posa
y hacerla insomne
temblor...
siempre latiendo.
Porque tu tacto tiene
aromas imposibles,
porque tu boca tiene
orgiásticos venenos,
porque tus ojos miran
alquimias insondables
y en tu cintura habitan
mágicos advientos.
Y si es que acaso
un día aquí volviera
del implacable exilio del destierro,
que el palpitante hueco que desnudas
fuera de nuevo...
cauce
de mi cuerpo.

sábado, 10 de abril de 2010

Si Dios fuera una mujer...

Mario Benedetti

¿Y si Dios fuera mujer?
pregunta Juan sin inmutarse,
vaya, vaya si Dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas.
Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
para besar sus pies no de bronce,
su pubis no de piedra,
sus pechos no de mármol,
sus labios no de yeso.
Si Dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos SIDA o pánico
nos contagiaría su inmortalidad.
Si Dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno,
con sus brazos no cerrados,
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles.
Ay Dios mío, Dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería,
qué venturosa, espléndida, imposible,
prodigiosa blasfemia.



miércoles, 31 de marzo de 2010

Tu collar de perlas

José Ángel Buesa

Yo he visto perlas claras de inimitable encanto,
de esas que no se tocan por temor a romperlas.
Pero sólo en tu cuello pudieron valer tanto
las burbujas de nieve de tu collar de perlas.


Y más, aquella noche del amor satisfecho,
del amor que eterniza lo fugaz de las cosas,
cuando fuiste un camino que comenzó en mi lecho
y el rubor te cubría como un manto de rosas.


Yo acaricié tus perlas, sin desprender su broche,
y las vi, como nadie nunca más podrá verlas,
pues te tuve en mis brazos, al fin, aquella noche
vestida solamente ¡con tu collar de perlas!

miércoles, 24 de febrero de 2010

Oracion...

Juan Gelman

Habítame, penétrame.
Sea tu sangre una con mi sangre.
Tu boca entre mi boca.
Tu corazón agrande el mío hasta estallar.
Desgárrame.
Caigas entera en mis entrañas.
Anden tus manos en mis manos.
Tus pies caminen en mis pies, tus pies.
Árdeme, árdeme.
Cólmeme tu dulzura.
Báñeme tu saliva el paladar.
Estés en mí como está la madera en el palito.
Que ya no puedo así, con esta sed
quemándome...

Con esta sed quemándome.

La soledad, sus cuervos, sus perros, sus pedazos


lunes, 22 de febrero de 2010

TU CUERPO

Gian Franco Pagliaro

Sólo yo sigo el movimiento
sensual de tu boca.
Tan sólo para mí
eres la más hermosa de todas.
Solamente yo en toda esta ciudad,
perdido entre la gente, busco tu rostro.
Todas las calles me llevan
sin darme cuenta hacia tus ojos,
todos mis deseos como un río
desembocan en tu cuerpo,
en tu cálido y mediterráneo cuerpo.
Tu cuerpo, que no es distinto a otros cuerpos
y sin embargo... es tan distinto,
tal vez... porque únicamente yo conozco
los secretos que guarda tu cuerpo...
Fértil como la buena tierra,
generoso, como un buen vino,
fresco como el aíre de la sierra
abundante, como el verde en primavera,
tu cuerpo..., claro como la luz del día,
misterioso como la noche oscura,
oloroso como un manzano,
inquietante como el mar revuelto.
¡Cuantas veces he navegado por ese mar,
sin haber naufragado nunca!
Y no lo digo por jactancia.

Conozco tu cuerpo como la palma de mi mano,
como el jardinero los nombres de las plantas,
como el alfarero la arcilla que moldea,
como su antiguo oficio el artesano
y los siete mares el viejo marinero.
Lo conozco por dentro y por fuera,
de norte a sur, me lo sé de memoria,
sendero por sendero, colina por colina,
bosque por bosque, monte por monte,
como una lección de geografía;
lo conozco como el poema que más me gusta,
me lo se de memoria.
Tu cuerpo, milagroso como las manos de un cirujano.

viernes, 12 de febrero de 2010

El cuarto poema secreto

de: Poemas de Madeleine
Guillaume Apollinaire


" Mi boca tendrá ardores de averno,

mi boca será para ti un infierno de dulzura,

los ángeles de mi boca reinarán en tu corazón,

mi boca será crucificada

y tu boca será el madero horizontal de la cruz,

pero qué boca será el madero vertical de esta cruz.

Oh boca vertical de mi amor,

los soldados de mi boca tomarán al asalto tus entrañas,

los sacerdotes de mi boca incensarán tu belleza en su templo,

tu cuerpo se agitará como una región durante un terremoto,

tus ojos entonces se cargarán

de todo el amor que se ha reunido

en las miradas de toda la humanidad desde que existe.



Amor mío

mi boca será un ejército contra ti,

un ejército lleno de desatinos,

que cambia lo mismo que un mago

sabe cambiar sus metamorfosis,

pues mi boca se dirige también a tu oído

y ante todo mi boca te dirá amor,

desde lejos te lo murmura

y mil jerarquías angélicas

que te preparan una paradisíaca dulzura en él se agitan,

y mi boca es también la Orden que te convierte en mi esclava,

y me da tu boca Madeleine,

tu boca que beso Madeleine. "


miércoles, 13 de enero de 2010

Cantar de los cantares...

Capítulo 7, versículos 6-9



¡Qué hermosa eres, y cuán suave,

oh!, amor deleitoso...

Tu estatura es semejante a la palmera,

y tus pechos a los racimos.

Yo dije: subiré a la palmera,

asiré sus ramas.

Deja que tus pechos sean como racimos de vid,

y el olor de tu boca, como de manzanas.

Y tu paladar como el buen vino,

que se entra a mi amado suavemente

y hace hablar los labios de los viejos...

jueves, 7 de enero de 2010

El amante

Tengo que decirte adiós,

en silencio y sin nombrarte,

pues yo no puedo arrastrarte

a pagar tan duro precio.

Sabemos que fuimos necios,

que todo fue una locura;

que no pocas amarguras

ya llevamos compartidas.

Que si lo dictó la vida,

que si fue nuestro destino,

solamente es el camino

de aquel que siempre camina.



Sé que tu amor he quitado

a un hombre que es tu marido

y hasta hoy he compartido

lo que tu me has regalado.

Más todo cuanto he llorado

en tu ausencia en muchas noches,

no son causa de reproches,

porque sabes que te quiero.

Que lo abandones... no quiero

porque esto es causa perdida;

no causemos más heridas

que ya bastantes tenemos.



Que si de hoy en adelante

te llevo ha vivir conmigo

será peor el castigo

que la gente nos depare.

Pues mujer que se separe

del legítimo marido

por otro que haya elegido

para darle sus amores,

es causa de mil rumores,

de calumnias humillantes;

aunque siempre por delante

la tratarán de señora,

te recibirán sonrientes,

te preguntarán tus cosas,

pero... sus lenguas curiosas

no preguntarán por mí.

Pues cuando hablan de mí,

aquellos que te conocen,

habrán de bajar las voces,

para que tú no te enteres,

sobre todo las mujeres,

dando a su voz forma oscura

y envidiando tu locura,

lo gritaran en silencio.

Dirán que somos dos necios,

absurdos, crueles, malvados

que tu este paso lo has dado

porque te tengo hechizada.

Y verás, eso no es nada,

porque delante de tí,

nunca te hablarán de mí

porque no podrán nombrarme.

Tan sólo podrán llamarme

por un nombre que te daña,

palabra que lleva saña

si se dice por lo bajo,

que será como si un tajo

te causaran al oírlo,

que de tanto repetirlo,

lo dirán familiarmente.

Nunca verás que la gente

dirá que yo soy tu esposo,

y eso para mí es hermoso,

pero nunca lo dirán...

Es más, no me nombrarán,

mi nombre se habrá perdido,

no dirán: es su marido...

dirán de mí: ¡el amante!

Por eso voy a dejarte.

Manchar tu vida no quiero,

sin tí ya se que me muero,

pero eso es cosa mía...

Tal vez, quizás, algún día

y en forma muy confidente,

a alguna amiga le cuentes

que tuvisteis un amante...

Más, esto aquí finaliza.

La culpa fue sólo nuestra;

un botón basta de muestra...

los demás, a la camisa!!!...
Sandro

lunes, 4 de enero de 2010

Te amo por lo que eres...

Beatriz Zuluaga


Te amo, no sólo por lo que eres

sino por lo que soy cuando estoy contigo.

Un huracán de trópicos.

Un campo impredecible.

Una luz que baja ansiosa

al fundirse en el rayo

del deseo.

Tú, moldeas mi carne

y soy brizna lave que se mece

al poder de la música en tus dedos.

Mi hombro, palomar

para tu arrullo,

mi voz una plegaria de la sangre

y tú, brujo del amor, llegas

al aquelarre con la pócima

agridulce de los besos,

malabarista para la vibrante

cuerda del amor.

Rito viejo como el tiempo,

como el mundo,

pero siempre deslumbrante

en la palabra cuando dices:

Bájate la luz...

y yo inauguro el sol

en mitad de mi sexo

y me dedico a reinventar el mundo,

o, lo que es más: a desafiar la muerte.


Te amo por lo que eres.

Me amo por lo que soy,

cuando estoy contigo...

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Quiero llorar mi pena

Federico García Lorca

Quiero llorar mi pena y te lo digo

para que tú me quieras y me llores

en un anochecer de ruiseñores,

con un puñal, con besos y contigo...


Quiero matar al único testigo

para el asesinato de mis flores

y convertir, mi llanto y mis sudores

en eterno montón de duro trigo.

Que no se acabe nunca la madeja

del te quiero, me quieres, siempre ardida

con decrépito sol y luna vieja.


Que lo que no me des y no te pida

será para la muerte, que no deja

ni sombra de la carne estremecida...

domingo, 8 de noviembre de 2009

El muro

Osvaldo Fasolo

Ven, yo invito a bebernos el uno al otro,
a tragarnos de tal forma
que ni el aire quede afuera.
ven, te invito a derribar la pesadez del muro
que para nada sirve, por ser muro.
Ven, estoy queriendo que tu piel me alcance,
esa piel, que próxima y distante para mí.
Tiene fuerza de palabras
y dice lo que no dirás, ni dices,
cada vez que te vienes, cuando vienes,
si es que vienes...
Apúrate, que ya no queda tiempo,
y en esta espera, hay algo que se atraza.
Apúrate, que como el húmedo vacío de un bostezo
el corazón puede quedar vacío.
Después, ya nada será fácil,
como no es fácil devolver la llama al fuego
que se ahoga en la tormenta.
Por eso, yo invito a bebernos el uno al otro,
a tragarnos de tal forma, que ni el aire
de los aires quede fuera.
Ahora ya puedes entender si grito, muerdo,
estallo y sangro.
Ven pronto, te exijo derribar el muro,
porque todo amor de lejos, si es que existe...
¡es de cobardes!

martes, 20 de octubre de 2009

LO QUE YO QUIERO

Pedro Junco Jr.

Lo que yo quiero
es encontrarte una noche
que la luna haya hecho bella
con motivo de su luz…
Una noche toda adornada
con un reguero inmenso de estrellas,
¡bellas… como tú!...
¡Noche incitadora al deseo del amor!...
Quiero que al encontrarnos
me mires fijamente;
quiero que me acaricien
primero tus ojos, toda tu mente…
Quiero que pienses mucho en mí…,
¡que te olvides de todo!...
Quiero darme cuenta
de que estás nerviosa,
¡como deseando algo…
que no debes hacer!...
Queriendo llegar a mí,
aunque nerviosa, temblando de emoción…,
de amor loca, suspirando ansiosa…
Quiero tomarte las manos,
atraerte a mí…, muy junto a mí…,
juntar tu pecho con mi pecho,
para, así, de tu corazón sentir los latidos:
que uno a uno vayan diciendo de tus ansias…,
tus anhelos… y tus deseos de besos y placer…
Quiero, después de sentir
todo tu cuerpo junto al mío,
mirarte la boca como pidiéndotela…,
¡suplicarte un beso… y otro… y otro!...,
Y sentir los tuyos otorgados
en mi dulce silencio…
Quiero saciarme de tu boca,
de tus besos…, de tu aliento…,
¡morderte con locura los labios!
quedándote grabada con mis ansias para siempre…,
con mis besos…, que más que con mi boca,
he de darte con el alma!...
Quiero besarte los ojos,
besarte al oído como nadie te ha besado…,
¡besarte en el cuello…
con un beso tan fuerte,
que sea el recuerdo de nuestro encuentro sagrado!...;
¡besarte mucho… con besos que no has imaginado!...
Quiero, cuando ya tu boca,
tus ojos y tu cuello me parezcan poco
para apagar esta sed furiosa de besos,
¡rasgarte el vestido…
y besarte las rosas que guarda tu pecho!...
Y ebrio de sensualismo,
en tus brazos sentirme niño…
Quiero verte enloquecida…,
gimiendo de goce…, adolorida…;
pero, con frases de ternura,
pidiéndome besos…, que te bese más…,
¡que te bese… toda…, toda!...,
¡que te dé mi vida!...
Y quiero, cuando al fin te vea así,
como tanto te deseaba,
esbelta ante mí, como te vio Natura,
convertir esto que llamamos amor
en pasión ardiente…, en maravillosa ternura…
¡Y entonces los dos…, frente a frente…,
cometer una locura!...


Amé su cuerpo

Otto Raúl Gonzalez
Amé su cuerpo entonces y su alma.
Su piel fue para mí la tierra firme;
la soñé como un sexto continente
no registrado en mapas todavía.
Soñé con la bahía de su boca.
Su pelo era una selva virgen
que abría su misterio mineral y oscuro.
Soñé con las ciudades de sus pechos.
Los ríos de las venas que afloran en su piel
eran rutas abiertas
a la navegación y al gozo.
Se podía viajar en su mirada.
En las blancas llanuras de sus manos
yo cultivé el maíz y buenas relaciones.
Después no pude estar sino en su cercanía.

martes, 24 de febrero de 2009

DESCUBRIRTE

Ana Garrido

Cuántas veces hemos visto florecer la hierba,
cuántas veces me has desnudado
mientras tu sonrisa
me acaricia.
Hoy estamos de nuevo aquí
sobre la cama,
y la música nos envuelve,
y no queda más aire entre nosotros,
y nuestras manos se enlazan,
y se confunden,
y nos confundimos.
Me he vuelto a tí para mirarme en tu rostro;
desde tu cuerpo me llega la luz,
y me dibuja,
y nos dibuja,
y hace distintos nuestros contornos.
Estás tan cerca cuando te miro
que no veo dónde acaba tu imágen;
tal vez mis huesos levanten tu esqueleto,
tal vez tu pulso corra por mis venas.
Tu piel me queda grande.
me cae a tira desde los hombros,
pero es hermoso sentir
cómo respiras en mis pulmones.
Somos uno, quizá no más que eso,
quizá no hemos sido nunca más que eso.
Hablas, y en tus labios me sorprende mi voz,
me es ajena:
mis palabras suenan distintas en tu boca.
No digas nada, calla lo que sientes,
deja que adivine.
Sí, ahora vas a decirme que me amas,
y yo no quiero oírlo, no quiero saberlo,
no necesito saberlo.
Es tu sudor quién me lo grita.
Tu esfuerzo por dar a mis poros tu propia escencia.
Y te amo,
y me amas,
y nos amamos.
Hemos vuelto a dejar el corazón
latiendo al mismo ritmo;
míranos, va a saltársenos del pecho,
va a estallar,
va a inundar las sábanas.
La sangre me cubre ya la cara,
me salpica los dientes,
acude a mi lengua
y yo la bebo.
Qué fácil es sentirse vivo,
qué fácil acabar muriendo,
abandonarse,
dejar que las fuerzas se escapen poco a poco.
Y esa cálida emoción,
ese mirarte,
ese no haber visto nunca
un amanecer parecido,
y saber que el sol
no es más que una bombilla de 60 watios,
y preguntarse qué diablos importa
que todo no sea perfecto.
Escucha,
me estoy diluyendo entre tus brazos,
y ya sólo queda húmedo
un rumor de amapolas...



lunes, 23 de febrero de 2009

YO NO SÉ LO QUE BUSCO...

Rosalía Castro

Te amo... ¿Por qué me odias?
- Te odio... ¿Por qué me amas?
Secreto es este el más triste
y misterioso del alma.
Mas ello es verdad... ¡Verdad
dura y atormentadora!
-Me odias porque te amo,
te amo porque me odias;
Yo no sé lo que busco eternamente
en la tierra, en el aire y en el cielo;
yo no sé lo que busco; pero es algo
que perdí no sé cuando y que no encuentro,
aún cuando sueñe que invisible habita
en todo cuanto toco y cuanto veo.
Felicidad, no he de volver a hallarte
en la tierra, en el aire, ni en el cielo,
y aún cuando sé que existes,
¡y no eres vano sueño!
En los ecos del órgano, o en el rumor del viento,
en el fulgor de un astro o en la gota de lluvia,
te adivinaba en todo y en todo te buscaba,
sin encontrarte nunca.
Quizas después te ha hallado, te ha hallado y ha perdido
otra vez de la vida en la batalla ruda,
ya que sigue buscándote y te adivina en todo,
sin encontrarte nunca.
Pero sabe que existe y no eres vano sueño,
hermosura sin nombre pero perfecta y única.
Por eso vive triste, porque te busca siempre,
sin encontrarte nunca.

domingo, 22 de febrero de 2009

Y DESPUÉS

Ana Garrido

Tal vez mañana
se quiebre la tormenta
y se me enrede el silencio entre los ojos;
tal vez de tanto amor
se nos llene la boca
y acabe por romperse.
Estamos juntos, sí,
y es posible que seas tú
quien esté a mi lado.
Escapas por el borde de mis labios,
abandonas el cuerpo que fue tuyo,
pero estoy tan viva
cuando me tocas,
que ni siquiera tengo
una respuesta,
ni la palabra me asiste,
ni me pertenece,
porque la sed se me ha pegado a la garganta
y la saliva es
un océano inmenso
donde las algas flotan.
Las olas me acarician la espalda,
y la sal se me cuela por las uñas,
y te deseo,
y me deseas,
y tu humedad me limpia,
y despierta este grito,
este misterio,
esta forma de verte tras las nubes.
Rodeo tu cintura,
y resbalo,
y nado a ciegas
por ese abismo sin fondo
que me ofreces.
Después de hoy, la noche,
la noche que me lleva
la noche que seduce mis instintos,
y me devora siempre de igual modo,
y me vomita sobre la arena artificial
de alguna playa.
Mira cómo se me agrieta la piel,
cómo se me vuelve jirones la esperanza….



sábado, 21 de febrero de 2009

El Amor de mis Amores

Carolina Coronado

¿Cómo te llamaré para que entiendas
que me dirigo a tí, dulce amor mío,
cuando lleguen al mundo las ofrendas
que desde oculta soledad te envío?...

A tí, sin nombre para mí en la tierra,
¿cómo te llamaré con aquel nombre,
tan claro que no pueda ningún hombre
confundirlo, al cruzar por esta sierra?

¿Cómo sabrás que enamorada vivo
siempre de ti, que me lamento sola
del Gévora que pasa fugitivo
mirando relucir ola tras ola?

Aquí estoy aguardando en una peña
a que venga el que adora el alma mía;
¿porqué no ha de venir, si es tan risueña
la gruta que formé por si venía?

¿Qué tristeza ha de haber donde hay zarzales
todos en flor, y acacias olorosas,
y cayendo en el agua blancas rosas,
y entre la espuma lirios virginales?

Y ¿por qué de mi vida has de esconderte?
¿Por qué no has de venir si yo te llamo?
¡Porque quiero mirarte, quiero verte
y tengo que decirte que te amo!

¿Quién nos ha de mirar por estas vegas,
como vengas al pie de las encinas,
si no hay más que palomas campesinas
que están también con sus amores ciegas?

Pero si quieres esperar la luna,
escondida estaré en la zarza-rosa,
y si vienes con planta cautelosa,
no nos podrá sentir paloma alguna.

Y no temas si alguna se despierta,
que si te logro ver, de gozo muero,
y aunque después lo cante al mundo entero,
¿qué han de decir los vivos de una muerta?

jueves, 19 de febrero de 2009

CELOS

Pedro Mata

Tengo celos de tí, ¿por qué negarlo?
Tango celos de tí, celos rabiosos;
celos de la sonrisa de tu boca,
celos de las miradas de tus ojos.
Cuando yo no te oigo, ¿cómo hablas?
Cuando yo no te veo, ¿cómo me miras?
Cuando no estoy delante, ¿cómo suenan
los áureos cascabeles de tu risa?
Tú sabes en los ojos de los hombres
hay miradas impuras,
que unas veces parecen que acarician
y otras veces parecen que desnudan.
Cuando un hombre te mira de ese modo,
cuando te envuelve una mirada de ésas
y sientes que resbala por tu cuerpo,
¿qué es lo que sientes, di, qué es lo que sientes?
Yo puedo adivinar que pensamientos
laten en tí cuando de mí te acuerdas;
cuando es de otro el recuerdo que te asalta,
¿qué es lo que sueñas, di, qué es lo que sueñas?
Yo te he visto mil veces temblorosa
ante el fervor de mis ardientes frases,
con los divinos ojos entornados
y los húmedos labios anhelantes.
Embaída de amor, desvanecida,
cuando soy yo el que de amor te habla.
Si las palabras son las mismas dime:
¿cómo te suenan de otro las palabras?
Tú juras que me has dado
tu corazón, tu cuerpo y tu cariño;
pero nunca sabré si tras tus ojos
se esconde un pensamiento que no es mío.
¡Y qué me importa tu cariño entonces,
qué vale la estructura de tu cuerpo,
si son los pensamientos de tu alma
como villanos que arrebata el viento!